Uruguay desnudó las falencias de Chile y la deja con una tarea pendiente

A Uruguay hay que jugarle en serio. Y no descuidarse nunca. Da lo mismo si el equipo domina, si bajan los “ole” desde la galería o si el delantero más laureado de los charrúas (en este caso, Edinson Cavani) se instala en campo propio, casi como un volante de contención. Da lo mismo si tu escuadra se ve inmensamente superior. En cualquier minuto, la Celeste puede dar un zarpazo y dar vuelta el escenario.

Eso le ocurrió a Chile ayer al filo del descanso. Luego de 45 minutos muy buenos, especialmente después de la primera media hora, que incluyeron un bello gol de Alexis Sánchez (27’), un solo paso en falso dejó todo en punto muerto. Gary Medel se preocupó más de hacerse el rudo con Cavani que de volver rápido al centro del área. Arturo Vidal marcó con la vista a Diego Rolán y de la nada el delantero celeste marcó el 1-1 antes del entretiempo.

El tanto visitante llegó por la vía que más duele a Chile: el juego aéreo tras una pelota detenida. El gran dolor de cabeza de Jorge Sampaoli desde que asumió la banca de la Roja, herencia de los procesos de Borghi, Bielsa y de cuántos más. El error provocó la molestia evidente de Sánchez, quien se fue encima de Medel para reclamarle su salida de madre. Quizás culpaba al Pitbull de la desconcentración de toda la defensa.

Apretado  

El gol generó preocupación, lógicamente. Sin embargo, no alteró la idea central de la Selección. Presión, rapidez y búsqueda por las bandas, las ideas básicas del casildense, retocadas con las muestras de calidad de Alexis, obligado a ser el generador de juego de la Roja, ante la ausencia de Jorge Valdivia, quien ayer dejó su puesto de titular por una lesión.

Mauricio Isla y Eugenio Mena, como ya es habitual, transformados en punteros, con mucho ímpetu. Obedientes en la instrucción de pasar y pasar cuantas veces quieran y puedan. Su único gran problema, la finalización de la jugada. Vale decir, centros por compromiso, pases perdidos, malas decisiones. Ahí también debe trabajar la banca nacional.

Chile buscaba el desequilibrio en el marcador, con todas sus armas. Y Uruguay, en su estilo, poco a poco fue amarrando el partido. Agazapado, esperando el mejor momento para golpear. Rolán exigió una tapada espectacular de Claudio Bravo. Minutos después, Cavani (quien siguió su duelo particular con Medel) desvió un tiro cuando ingresaba solo.

Sampaoli entendió que había que mover las piezas. Contra una defensa recia, brava, mandó a la cancha a un atacante de las mismas características. Mauricio Pinilla ingresó por Eduardo Vargas, para pelear su lugar entre los centrales charrúas. Alexis, en tanto, se instaló por la izquierda y empezó a generar grietas con su gambeta y velocidad. Sin duda que el ariete del Arsenal fue el más golpeado del campo.

Pese a todos los intentos, el gol demoró demasiado. Y cuando llegó, sólo un puñado tuvo el derecho de festejarlo. Ese pequeño grupo de camisetas celestes que se instaló en una esquina del Monumental, que vio al recién ingresado Alvaro González conectar un balón en plena área, para dejar sin opciones a Bravo.

Errores consecutivos de Medel, Jara e Isla (en ese orden) le permitieron a Uruguay tomar la delantera. La histeria de Sampaoli al costado del terreno se justificaba plenamente. A las oportunidades perdidas, se sumó la anotación de la Celeste. Y pudo venir el tercero, pero el arquero y capitán de la escuadra nacional volvió a lucirse ante un remate casi a quemarropa de Rodríguez.

¿Qué le queda a Chile? Superarse en su estilo. Está comprobado que cuando funciona, sus rivales lo sufren. El problema es que obliga a la perfección, a no cometer errores, porque los rivales de fuste no perdonan. Uruguay, uno de los fuertes de la próxima Copa América, le demostró anoche a la Roja que jugar al ataque no siempre alcanza.

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