Shunosaurus: Saurópodo pequeño, coletazos grandes…

Hace unos 190 a 165 millones de años existió este dinosaurio hervíboro que tenía la particularidad de ser capaz de azotar con gran violencia a los predadores que intentaban sorprenderlo

Durante el período Jurásico, en plena Era de los Dinosaurios, existió una gran cantidad de dinosaurios herbívoros de enormes dimensiones, los cuales se caracterizaban por ser cuadrúpedos lentísimos, provistos de una cola muy larga y un cuello no menos prominente que terminaba en una cabeza diminuta. Esta familia animales fueron los saurópodos, y dentro de ellos destacamos al diminuto Shunosaurus, que habitó la actual China hace unos 190 a 165 millones de años.

Shunosaurus y su mazo óseo

El Shunosaurus (“Lagarto de Shu”) tenía la particularidad de ser uno de los saurópodos más chicos que ha existido, midiendo solamente 12 metros de largo (y 5 metros de alto): muy poco en comparación con los 33 del Argentinosaurus, 42 del Seismosaurus, 30 del Sauroposeidón, y los 60 que habría tenido el descomunal Amphicoelias (dato teórico que nunca ha podido ser comprobado).

La vida para el glotón Shunosaurus era una comilona permanente. Debido a que no era muy alto, aún estirando al máximo su largo cuello no podía llegar a la copa de muchos árboles, debido a lo cual acostumbraba alimentarse del follaje y ramas que estaban a mediana altura. De todas formas, sus 5 metros de altura igual lo convertían en un animal que inspiraba respeto, pero también debido a su lentitud y torpeza en un desafío bastante apetitoso para feroces predadores.

Sin embargo, dentro de su anatomía destacaba un arma secreta, la cual podía ser letal para muchos dinosaurios que trataran de atacarlo: una durísima polea o porra ósea con puntas, la cual estaba en la terminación de su cola. Al verse amenazado, era capaz golpear con gran fuerza a su oponente, y partirle la cabeza o las patas con un solo impacto. Pese a ser un herbívoro, el Shunosaurus era bastante efectivo a la hora de defenderse, siendo capaz de darle pelea incluso al más matón de los cazadores. Otro artilugio que podía usar para protegerse, ya como último recurso, eran las filosas garras que tenía en cada uno de sus dedos pulgares: sin embargo esta opción era cuando la batalla ya estaba virtualmente perdida.

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