La manada de lobos: un brillante trabajo en equipo

Bien es sabido que en la naturaleza, en la gran mayoría de los casos, nada es dejado al azar. Un ejemplo emblemático de ello es lo que sucede con las manadas de lobos, que como un escuadrón perfectamente organizado avanza por lugares inhóspitos de tal forma que permite la protección de unos sobre otros… y mejor aún: colaborar estrechamente para la subsistencia de la especie.

La manada y su estructura militar

La manada de lobos es un trabajo en equipo realmente perfecto. El grupo se ordena de tal forma que las hembras y los cachorros son cuidados con recelo, y el líder de la agrupación puede vigilar el perfecto funcionamiento de la legión en forma periférica, y así tener el control macro de lo que va ocurriendo en el entorno.

Los primeros de la columna son los lobos viejos y enfermos, los cuales van adelante y no atrás justamente para que no se pierdan ni se aíslen, y así puedan sentirse acompañados y apoyados por el resto pese a sus dificultades físicas para desplazarse. A ellos le siguen un grupo de cuatro o cinco cancerberos peleadores, es decir los fieles y heroicos guerreros que darían su vida si fuera necesario con tal de defender al resto. Posteriormente van las hembras y los cachorros, que son lo más preciado para la subsistencia de la especie por ende van escoltados también por un pequeño batallón de lobos jóvenes que vienen ligeramente por detrás de ellos. Al final, el macho alfa, el amo y señor que cuida del resto pero también observa con sapiencia todo lo que ocurre, estando así alerta para dar instrucciones casi militares en caso de cualquier imprevisto.

Una clara demostración que para la fauna en estado salvaje ningún detalle es improvisado, sino que todo está perfectamente calculado. Esta es una asombrosa tradición instintiva se transmite de generación y generación, la cual les permite la tan dificultosa sobrevivencia en entornos adversos.

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