La Ley recrea sus mejores años en un show de emotividad y potencia

Fue el reencuentro con un repertorio histórico en el pop local, y con una banda que tiene un lugar primordial en la escena chilena de las últimas tres décadas, pero también en este escenario: Mal que mal, con ésta ya son siete las ocasiones en que La Ley ha pasado por el Festival de Viña del Mar, algo que ninguna otra agrupación local está ni cerca de igualar.

Pero ésta, es claro, fue especial. Fue el reencuentro oficial tras nueve años de distanciamiento, y los fans que llegaron hasta la Quinta Vergara lo hicieron sentir desde los minutos previos al encendido de la tarima, sobre la cual estuvo luego su recompensa.

Porque una lista de temas centrada principalmemnte en sus primeros años (los más arraigados aquí en Chile) fue la que desarrolló el trío en la apertura de la cuarta noche del certamen. Tanto así, que hasta el noveno corte sólo una canción databa de una fecha posterior a 1995, y se trataba de “Olvidar”, el tema que sonorizó este regreso. Los demás de ese bloque, en tanto, se permitieron llegar hasta los momentos más tempranos, con el cover de “Angie” (Rolling Stones) que los destapó a inicios de los 90, y con “Desiertos” en la misma versión que imprimieron en 1989 (luego la editarían otras dos veces).

“Tenemos un corazón, y algo mágico sucede cuando estamos juntos”, recalcó Alberto Cuevas en la largada, cuando tras algunas primeras intervenciones para saludar e introducir temas, se largo con una reivindicatoria de esta reunión, y de la posible continuidad: “Queremos que ustedes lo decidan, no porque sea conveniente, como dicen, que nos juntamos solo por la plata”.

Para entonces el ánimo estaba en ebullición, aunque la partida había sido algo en falso. Sólo la ansiedad en corriente por el anfiteatro, más la potencia del resto de la banda, permitió soslayar los problemas en el bajo de Zeta Bosio, invitado estelar de la velada, pero a quien su intrumento prácticamente no le sonó en la apertura con “Día Cero”, y en las siguientes “Hombre” y “Tejedores de ilusión”.

Tras las carreras de los técnicos en un costado, recién en “Prisioneros de la piel” (el cuarto corte) la ejecución del argentino logra hacerse notoria, y allí también se distinguen las características de esta audaz apuesta: El ex Soda Stereo, quien entonces pareció disfrutar del show, imprimió a las piezas un sonido más grueso y pesado, que difiere de la marcada definición que caracteriza a las líneas originales de Luciano Rojas.

Hubo saludos a Venezuela en “Doble Opuesto”, una de las más celebradas de la noche, y con las posteriores “Fuera de mí”, “Intenta amar” y “Mentira”, el trío que completan Mauricio Clavería y Pedro Frugone cerró un primer bloque abrochado con dos antorchas.

El siguiente abrió con el homenaje al fundador Andrés Bobe, en una versión de “I.L.U.” algo desprovista de la oscuridad y el tono subterráneo impreso en la versión original, interpretada por el fallecido guitarrista. Pero donde la emotividad sí se elevó fue en el homenaje que vino luego, tras las gaviotas, a Gustavo Cerati.

Tras dar las gracias a “mi nueva banda” por la noche vivida y hasta por devolverlo al bajo, Zeta Bosio tomó el micrófono para recordar a su ex compañero. “Este lugar es muy importante en la historia de Soda Stereo, sentimos que nos disparó internacionalmente. La historia no habría sido igual si no hubiéramos venido. Todo eso me despierta muchos recuerdos y algunas ausencias, de un artista, un gran amigo, que todos extrañamos”, dijo el argentino.

Los celulares en alto durante la interpretación de “Crimen” terminaron de elevar las emociones circulantes, y de catapultar una reunión puesta en cierto suspenso por sus protagonistas, pero que ahora aprovecharon de confirmar. “Vamos a hacer una gira”, dijeron en backstage. Es que, según lo visto esta noche, no existe ninguna razón como para que no hubiera sido así.

Fuente: Emol.com

 

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