Fósiles revelan el aspecto de un dinosaurio asombroso

En el sur de Mongolia se logró encontrar los restos del impresionante Deinocheirus mirificus, el herbívoro bípedo más grande que haya existido. Un animal imponente pero inofensivo

En pleno Desierto de Gobi (sur de Mongolia), uno de los más áridos del mundo, se encuentra el llamado “Valle de los Dinosaurios”, lugar prolífico para la Paleontología, en el cual se han realizado una gran cantidad de hallazgos de gran importancia para esta rama de la ciencia. Así fue como a mediados del siglo XX ahí se descubrieron los restos fósiles de un dinosaurio provisto de enormes brazos, los que muchísimo más grandes que los de cualquier otro saurio bípedo (o terópodo) conocido hasta ese entonces. Incluso, el más bestial predador del que se sabía que había existido, el Tiranosaurio Rex, tenía unos bracitos diminutos comparados con los encontrados en aquella oportunidad. De hecho se llegó a pensar que este sería el terópodo más grande que se haya conocido, por lo cual a esta inédita especie  se le bautizó como Deinocheirus mirificus, que significa “manos terribles de aspecto singular”, nombre inspirado en sus fornidos brazos provistos de filudas garras de 20 centímetros. 

Sin embargo, el gran problema fue que por mucho tiempo no se pudo averiguar mucho sobre este animal, debido al mal estado en que estaban los restos estudiados. Pero recientemente la revista Nature publicó que un equipo de paleontólogos está investigando no uno, sino que dos osamentas petrificadas que fueron encontradas en este lugar. Hasta ahora, nunca se había podido ver tan en detalle como fue el Deinocheirus mirificus, aquel descomunal herbívoro bípedo que se destacó por sus brazotes de dos metros y medio de largo, pero también por su cabeza pequeña, piernas gordas que de seguro no le servían mucho para correr, su notable protuberancia dorsal, y el típico “pico de pato” que tenían todos los dinosaurios de la familia de los ornitomimosaurios (los cuales están a mitad de camino evolutivo entre los grandes lagartos y las aves corredoras que aún existen).

Resulta anecdótico pensar que la primera vez en que se estudiaron los restos de un Deinocheirus (por allá en la década de los años 60), se pensó que podía tratarse de un predador descomunal, provisto de una enorme musculatura en sus antebrazos, lo cual le daba una evidente ventaja comparativa sobre el Tiranosaurio Rex. Pero con el correr del tiempo, se pudo constatar que en verdad su apariencia era muy diferente a lo que se creía, llegando a ser casi ridícula y divertida. Esto fue corroborado gracias a la publicación de Nature, en donde se detalla que este animal que vivió hace 70 millones de años comía plantas y ramas de árboles, usando sus enormes brazos no para defenderse de los carnívoros sino que principalmente para tumbar árboles o para apoyarse mientras le daba mordiscos a su follaje. De seguro sus aterradoras garras le facilitaban esta labor. Así fue como este reciente hallazgo permitió dilucidar algunas de las dudas pendientes en torno al comportamiento de uno de los terópodos más colosales del Período Cretácico.

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