Confirmado: Las personas emparejadas engordan más

Dos estudios, uno realizado en España y otro en Australia, corroboran algo que ya se tenía como una especie de mito urbano: la gente que tiene una relación estable, sube más de peso

No es que el amor haga engordar a la gente, pero sí se da la curiosidad que la gente que está emparejada en forma estable con otra, o bien casada, suela tener un aumento considerable de peso en comparación a como era durante su soltería. Así al menos lo comprueban dos estudios realizados por importantes organismos de España y Australia.

En primer lugar, la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) realizó un seguimiento a 2.314 personas, en su gran mayoría mujeres, y los resultados fueron categóricos: el 81% de los pacientes subieron al menos 4,5 kilos cuando encontraron una pareja estable a través del tiempo. Algo similar fue el resultado de una investigación hecha por la U. Queensland (Australia), el cual asegura que al casarse o irse a vivir con otra persona, la gente suele subir casi 7 kilos en poco más de un año.

Tal vez la principal causa de todo esto sea el relajo en el que incurren muchas personas. Según el estudio hecho por SEEDO, el 73% de las personas encuestadas se preocupan de cuidar su peso en forma habitual, lo cual baja al 68% cuando se ven seguros junto a una pareja. Otro aspecto importante son las discusiones, ya que el 51% de la gente suele comer dulces o golosinas para “endulzar la vida” después de pasar por un mal rato amoroso.

Otro punto a considerar en este verdadero problema es el conductual: cuando se está emparejado, un buen porcentaje de las actividades que se realizan giran en torno a la comida. “Ahí es cuando aumentan las idas a cenar, ver películas comiendo, las salidas sociales, y además queda menos tiempo para hacer ejercicios o deportes”, explica la Dra. Amy Gorin, profesora de la Universidad de Connecticut (EEUU). Esto último se complementa con lo que asegura la publicación especializada Journal Obesity: las parejas que viven juntas durante dos o más años tienen menos probabilidades de ser físicamente activas. Dato duro, pero muchas veces cierto.

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